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Imagine que estamos a finales de los 80 y que acaba de entrar en los recreativos del barrio. Su amigo Rafa está jugando al Double Dragon y una multitud de adolescentes le rodea, anima y comenta sus jugadas. Rafa, además, es buen tío y mientras juega va explicándole sus trucos a los colegas. No hay máquina que no se haya pasado y en la que no aparezca un RYL (en homenaje a Laura, su amor de verano) en lo alto de la lista de puntuaciones.

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